

Panfleto que acompañaba a las bombas en una serie de atentados perpetrados en EE.UU. durante junio de 1919. Todos los objetivos eran manifestaciones del capitalismo y el Estado policial.
Traducción: Biblioteca Anárquica Nihil Sebastián Oversluij Seguel
Las autoridades no ocultan su intención de detener, acá en América, la expansión mundial de la revolución. Las autoridades tienen que hacerse a la idea de aceptar la pelea que han provocado.
En tiempos que la solución a la cuestión social no se puede retrasar más; la guerra de clase está en curso y no se puede detener sino con una victoria completa para el proletariado internacional.
El desafío es antiguo, oh amos “democráticos” de la república autócrata. Hemos soñado con la libertad, hemos hablado de emancipación, hemos aspirado a un mundo mejor, y ustedes nos encarcelaron, nos apalearon, nos han deportado, nos han asesinado cada vez que han podido.
Ahora que la gran guerra, librada para rellenar sus billeteras y levantar un pedestal para sus santos, ha terminado, no pueden hacer nada mejor para proteger sus millones robados y su fama usurpada, que redirigir todo el poder de sus instituciones asesinas que han creado para su exclusiva defensa, contra las multitudes trabajadoras que se alzan para una concepción más humana de la vida.
Las cárceles, los calabozos que han criado para sepultar todas las voces que protestan, ahora están nuevamente repletas con trabajadores concientes, y, nunca satisfechos, ustedes incrementan sus números todos los días.
Es la historia de ayer que sus pistoleros disparaban y asesinaban masas desarmadas al por mayor; ha sido la historia de todos los días en su régimen; y ahora todas las perspectivas son peores aún.
No esperen que nos sentemos, oremos y lloremos. Aceptamos nuestros desafíos y pretendemos aferrarnos a nuestros deberes de guerra. Sabemos que todo lo que ustedes hacen es en su defensa como clase; también sabemos que el proletariado tiene el mismo derecho de defenderse, dado que su prensa ha sido sofocada, sus bocas amordazadas; tenemos la intención de hablar por ellos en la voz de la dinamita, a través de la boca de las armas.
No digan que actuamos cobardemente porque seguimos ocultándonos, no digan que es abominable; es la guerra, la guerra de clases, y ustedes fueron los primeros en perpetrarla encubiertos por las poderosas instituciones que ustedes llaman orden, en la oscuridad de sus leyes, detrás de las armas de sus esclavos cabezas huecas.
No aceptan libertad excepto la suya; la gente trabajadora también tiene el derecho a la libertad, y a sus derechos, nuestros propios derechos, nos hemos resuelto a proteger cueste lo que cueste.
No somos muchos, aunque quizás más de los que ustedes sueñan, pero estamos todos determinados a pelear hasta el último, hasta que un hombre quede enterrado en su Bastilla, hasta que un rehén de la clase trabajadora quede a la tortura de su sistema policial, y nunca descansaremos hasta que su caída sea completa, y toda la masa obrera haya tomado posesión de todo lo que por derecho les pertenezca.
Habrá derramamiento de sangre; no eludiremos; tendrá que haber asesinato: mataremos, porque es necesario; tendrá que haber destrucción; destruiremos para librar al mundo de sus instituciones tiránicas.
Estamos listos para hacer lo que sea para aplastar la clase capitalista; tal como ustedes hacen todo lo que sea para aplastar la revolución proletaria.
Nuestra posición mutua está bastante clara. Lo que hemos hecho hasta ahora es solo una advertencia de que hay amigos de la libertad popular aún con vida. Recién ahora estamos entrando a la pelea; y ustedes tendrán la oportunidad de ver lo que las personas que aman la libertad pueden hacer.
No busquen creer que somos los agentes pagados por los alemanas o por el diablo; saben bien que somos hombres con conciencia de clase con una fuerte determinación, y sin lastres ordinarios.
Y nunca tengan la esperanza de que sus policías y sus sabuesos alguna vez consigan librar al país del germen anárquico que late en nuestras venas.
Sabemos como pararnos con ustedes y sabemos como cuidarnos. Además, nunca nos atraparán a todos y actualmente sabemos como multiplicarnos. Solo esperen y resígnense a su destino, dado que el privilegio y las riquezas han llamado su atención.
¡Viva la revolución social! ¡Abajo la tiranía!
Los combatientes anarquistas




Versión impresa repartida para la proyección de la horrible película No God, No Master, en el aniversario nº 99 desde la ejecución de los compañeros Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti en cuyo conversatorio se discutió la memoria como campo de batalla.


















































































